“Ninguna sociedad que se pretenda civilizada puede legitimar el trato cruel y denigrante hacia los animales. Los animales son vida, vida que debe protegerse”, expresó la jueza Carolina Ballesteros antes de dar a conocer un fallo sin precedentes en la Justicia tucumana: previo a dictar la sentencia contra un joven de 22 años que violó a su propia perra, se filmó mientras cometía el aberrante acto y compartió el video en sus redes sociales, le quitó la tenencia de la mascota, le impuso una restricción perimetral y le prohibió tener más animales.

El 27 de mayo antes de dictar la resolución en la causa por maltrato y crueldad animal, la jueza Ballesteros sostuvo que “el animal no es un objeto” y que ya es “considerado sujeto de derecho”, por lo que le impuso al acusado, Patricio Eduardo Giménez Teruel, la prohibición de acercamiento a menos de 300 metros de los perros y la imposibilidad de tener cualquier tipo de animal por seis meses. Además, tendrá que realizar un tratamiento de desintoxicación a las drogas.

Para fundamentar su decisión, la magistrada hizo referencia a la Ley 14.346, sobre los malos tratos y actos de crueldad contra los animales, y a la Declaración Universal de los Derechos del Animal. Asimismo, hizo mención a casos anteriores, como el de Chocolate, una cachorra que fue despellejada en vida por un peluquero que fue condenado a un año de prisión de ejecución condicional, en Córdoba; y el de la orangutana Sandra, la primera en ser declarada “persona no humana”. Todos los cuales, aseguro: “están marcando un camino claro hacia la protección integral de los animales”.

La magistrada defendió los derechos de los animales al señalar que “se ha llegado a ignorar que son seres sintientes que tienen la capacidad sentir dolor y sufrimiento, así como también empatía y amor hacia el ser humano”. Agregó: “Los animales no pueden ser pensados por el hombre como un objeto para servirse de sus propias necesidades”.

El caso judicial comenzó el 17 de marzo pasado, cuando una mujer contactó a través de redes sociales a Karina Garbero, una militante de los derechos de los animales, para enviarle los videos. “Eran imágenes de una perra totalmente sometida a algo tan espantoso... No alcanzan las palabras para describir cómo me sentí viendo esos videos. Tenía una mezcla de profunda tristeza y odio. Uno nunca espera recibir algo así".

Fuente: La Nación

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