Joan Manuel Serrat, autor de populares canciones que surcaron más de medio siglo de la vida de las personas en toda Iberoamérica, inició el sábado a la noche en el estadio porteño Movistar Arena atestado de público, el segmento porteño de despedida de los escenarios con un show tan emotivo como representativo de su monumental obra.

Unas 24 piezas desplegadas en cerca de 150 minutos de recital resultaron insuficientes pero emblemáticas del legado que el trovador catalán desplegó en un camino musical signado por pasiones vitales, políticas y amorosas que supieron sellar un lazo irrompible con buena parte de la audiencia.

Y ese vínculo, plagado de memorias, vivencias, acuerdos y complicidades, añadió el condimento de un adiós al que el propio responsable de la partida decidió quitarle dramatismo pero, no por ello, menguó el impacto turbador.

La partida de Serrat se da en el marco de una gira planetaria que se inició a fines de abril en Nueva York y también pasó por Puerto Rico, República Dominicana, México, Colombia, Costa Rica, buena parte de España, Chile, Perú, Venezuela y Ecuador.

Desde el sábado 5 en Rosario, “El vicio de cantar 1965-2022” llegó al país donde también pasó por Córdoba y aún le restan otras cuatro veladas en el reducto del barrio de Villa Crespo con capacidad para 15.000 espectadores donde cantará este domingo a la noche y las del 25, 26 y 29 con entradas agotadas.

El imponente tour regresará en diciembre a Europa para –con una parada intermedia en Andorra- hacer media docena de presentaciones en dos sedes de Madrid y Barcelona donde el telón se bajará definitivamente el viernes 23.

En Buenos Aires, una de las ciudades en las que el impacto de su repertorio fue bandera y prenda de amor para que la poesía se tuteara con la música y ello se integrara a un lenguaje popular y masivo, el show se demoró más de media hora del inicio pautado pero pareció que nadie quería apurar el desenlace.

Finalmente y pasadas las 21 con los acordes de “Dale que dale” (primera de las tres piezas basadas en textos del poeta Miguel Hernández que fueron parte del repertorio), Serrat se lanzó a ese torbellino estremecedor que lo acompaña desde siempre pero que en esta ocasión sumó el ingrediente de la última vez.


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