Técnico de efectos especiales en las sagas 'The Matrix', 'Star Wars' o 'X-Men', Seth Larney debutó en 2017 con su primera película como director 'Tombiro', aún inédita en medio mundo. Ahora el cineasta sudafricano criado en Australia vuelve con un título mucho más ambicioso y de irregulares aunque interesantes resultados con '2067', un drama de ciencia ficción sobre viajes en el tiempo con mensaje ecologista.

Salvando el planeta verde

Kodi Smit-McPhee es el mayor reclamo de un plantel que colidera junto a Ryan Kwanten conocido por su papel en 'True Blood'. En '2067' tenemos un thriller de ciencia ficción ambientado en un futuro distópico donde el cambio climático ha erradicado toda la vida vegetal del planeta. Con la humanidad sobreviviendo gracias al oxígeno sintético se enfrentarán a un precio terrible: el aire artificial causa una enfermedad que mata a la población restante.

Está claro que la idea principal de la película, al menos la premisa, es excelente. Y la cosa mejora si además añadimos los viajes en el tiempo como solución al mal del presente. Pero los acontecimientos se desarrollan con un ritmo monótono a medida que el personaje principal intenta asimilar los continuos golpes que le da la vida. '2067' resulta un viaje interesante y atractivo, pero su gusto por acentuar el drama personal del héroe termina por jugar en contra.

La película no solo se debe a la hecatombe de la humanidad, porque principalmente gira en torno al misterio que rodea a los momentos cruciales en la vida de su protagonista, descubriendo los secretos de cada uno con miradas desde otros ángulos a medida que las situaciones se repiten. Las preguntas sin respuesta que hacen avanzar la historia son sin duda alguna la mayor virtud de un thriller fantástico de bajo presupuesto y buenas ideas.

La película intenta equilibrar su narrativa compleja de temas filosóficos algo pesados con un regusto por la aventura tradicional que, por momentos (y decorados) puede recordar a los viejos buenos tiempos de la escotilla de 'Perdidos'.

Los problemas surgen cuando los personajes lidian con el costo emocional. McPhee y su compañero recurren con una facilidad algo cansina al drama reflejado en lágrimas. Deborah Mailman tampoco hace mucho por tomar en serio a un personaje que parece salido de una parodia del género, y el padre del protagonista también adolece de una antipatía importante.

Fuente: Spinof

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