Argentina's former President Mauricio Macri shakes hands with new Vice President Cristina Fernandez de Kirchner after she was sworn in, in Buenos Aires, Argentina December 10, 2019. REUTERS/Agustin Marcarian

Hacía mucho tiempo que la Argentina no vivía una semana tan convulsionada como la que termina. Desde la violenta muerte de Fabián Gutiérrez y el polémico comunicado posterior de Juntos por el Cambio hasta la seguidilla de ataques verbales del Gobierno a la oposición y las agresiones de los manifestantes del 9 de Julio.

Un clima denso volvió a instalarse, como si al mismo tiempo la pandemia no hubiera alcanzado su récord de contagios y la economía no profundizara su parálisis. Un entretenimiento demasiado riesgoso frente a una sociedad agazapada. La política siempre insiste en jugar con los bigotes del león.

De fondo subyace una profunda tensión por redefinir la dinámica posbipolar, que debería suceder al movimiento pendular que dominó los últimos años, entre el kirchnerismo auténtico y el macrismo al natural. La elección del año pasado resolvió el pase de mando de Cambiemos al Frente de Todos, decidió qué coalición se quedaría con el poder.

ro no terminó de solucionar la otra cuestión, más profunda, sobre cuál es la mecánica de construcción y ejercicio de poder dominante; si había llegado el tiempo de los reformistas moderados o continuaba la hegemonía de los polarizadores. Cristina Kirchner debió resignarse a ser vice, pero impuso al presidente. Mauricio Macri perdió, pero se llevó un 41 % de los votos a su casa.

Los dos se quedaron con activos para condicionar un sistema que por ahora no cuenta con herramientas para administrar las ganancias parciales y termina siempre encallando en una grieta de resultados absolutos. La vigencia del "pluralismo agonal" de Ernesto Laclau y la "nueva política" de Jaime Durán Barba (la versión anterior, cuando no elogiaba al kirchnerismo).

Pero la responsabilidad de Cristina Kirchner es mayor desde que pasó de la fase de la prescindencia a la de incidencia, un punto de inflexión que algunos ubican en torno de marzo, cuando regresó de Cuba con su hija Florencia y se estableció en el país de forma definitiva. La vicepresidenta está convencida de la estrategia de confrontación, con una saña especial contra Macri, y condiciona el accionar y el discurso de todo el oficialismo.

Un hombre muy cercano al presidente Alberto Fernández y cultor del kirchnerismo asintomático, como varios de su entorno, explica la razón: "Estamos en un escenario complejo. Desde el Instituto Patria hay una decisión de apostar por la grieta. Cristina se lo dijo a varios ministros, hay que polarizar con todo lo anterior. Cree que es la forma de gobernar el país. Por eso es un esquema que llegó para quedarse".

Fuente: La Nación

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