“Fabi Cantilo echó a Henry Miller, porque era muy tarde y por lo que escribe...” cantaba Fito Paez en su "Tercer mundo", de 1990. Ella llegaba (volvería, en varias letras del rosarino) como un cameo del futuro. El “echado” de la letra, dicen, era el periodista Enrique Symns; el amigo inconveniente, de los que tocan el timbre a horas inesperadas.

Pero aquella que refería la letra era una Fabi injustamente ubicada del lado del control, de la sensatez; de entrecasa. La otra, la impredecible, se agazapaba tras su cara bonita, porque recién saltaría al año siguiente, con "Algo mejor".

Fabi en su primerísima época. Foto: Gentileza de Resakka.

También había algo mejor en la voz frontal de Fabi: menos envuelta en efectos, desplegada en su amplitud de registro, tensa y no tersa, personal como su lunar. Esa sonoridad distinta hablaba desde la portada. Era toda una presencia. Ya no la infantil corista simpática de flequillo, ladera pícara de Pipo Cipollati, saltando tiernamente en un sector lateral del escenario. Acá, ella apoyaba su hombro derecho en un farol muy porteño, y no quedaban dudas –lo decía con el cuerpo, enfundada en un mini vestido rojo furioso, tanto como con la voz– venía de una larga noche.

"Algo mejor" (1991): tercer disco solista de estudio de Fabiana Cantilo, con dos temas en coautoría y uno (Arcos) enteramente suyo.

Desde el volcán

¿Qué hace bueno a un disco? (anacronismo para algo que ya casi no tiene formato físico)¿Identidad? ¿pertenencia? ¿personalidad?  Quizás, especialmente, que se parezca a sí mismo. Cada puñado de canciones merece, si quiere rodar por radios y memorias y canturreos, un fantasma común entre track y track. Y eso también lo tenía "Algo mejor". Finalmente, era todo una cuestión de actitud.

Fuente: Telam

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