La idea de armar las valijas y dejar de lado la rutina diaria es un deseo que tienen muchas personas. Si bien algunos simplemente lo consideran e imaginan, muy pocos se animan a concretarlo. Este es el caso de Luis Garnero y Belén Bisotto, quienes emprendieron un viaje sin fronteras y distancias desde la ciudad de Córdoba con destino al mundo entero.

“No era la vida que queríamos llevar”, fue la primera frase con la que Belén definió el momento en el que, junto a su pareja, tomaron la decisión de abandonar sus trabajos de oficina y compraron una kombi con la meta de recorrer el mundo. ¿La parada principal? Alaska, la increíble ciudad ubicada en los Estados Unidos.

“Con Lucho nos conocemos desde pequeños. El gusto por la naturaleza fue desde siempre. Él vivió en el campo hasta los 18 años, en un pueblo de 7000 habitantes. Fuimos a la escuela juntos y nos conocemos desde la infancia”, recordó Belén, en diálogo con LA NACION, sobre sus orígenes en Adelia María, un pequeño pueblo del norte de Córdoba.

Desde que se pusieron de novios, hace diez años, ambos se motivaron para viajar y conocer diversos lugares de la Argentina. Sin embargo, el gusto por viajar ya venía instalado en cada uno. “En mi caso hacía viajes sola, por temporadas. Desde diciembre a marzo iba a hasta México o Estados Unidos y trabajaba, el resto de los meses agarraba las mochilas y conocía otros países”, sostuvo en relación con sus días en el extranjero cuando era tan solo una adolescente.

El gusto por los viajes la impulsó a tomar decisiones de las que no se arrepiente. La vida laboral que llevaba no la motivaba en lo personal y de a poco más interrogantes surgían en su cabeza. “Cada vez que volvía era esa cuestión de querer más y decir: ‘Quiero continuar con esto, la vida tiene muchas cosas que mostrarme, enseñarme, y formas de vivir totalmente distintas’”, contó.

El gusto por la naturaleza vino inmerso en la vida de Luis y Belén, pero juntos se motivaron a ir más alláMaría Belén Bisotto
Belén pasaba la mayor parte de su tiempo estudiando y trabajando: “Nunca me imaginé independizarme y poder llevar el trabajo a cuestas, sino que siempre dependía de otro trabajo para poder seguir viajando”.

En cambio, la experiencia de Luis fue distinta. Él nunca había viajado al exterior del país y llevaba una vida común y corriente. “Nunca pensó en querer viajar por el resto de su vida. Él terminó la escuela a los 18 y fue directo a la Universidad, en el centro de Córdoba”, aseguró.

Sin embargo, aquel joven que se mostraba desinteresado por llevar un estilo de vida diferente al resto fue la persona que generó un cambio 180° en la vida de ambos. Luego de cursar sus estudios y recibirse como diseñador industrial, Luis tuvo la oportunidad de viajar para hacer un posgrado en São Paulo, Brasil. Era su primera vez fuera del país.

La primera experiencia en Brasil, el disparador de un viaje sin fronteras
Corría 2016 y tanto Belén como Luis viajaron a Brasil y consiguieron lo que tanto se propusieron: trabajar en sus profesiones y conseguir trabajos de ensueño. Él trabajaba en la reconocida empresa de autos Volkswagen, y ella desempeñaba su profesión como gerente de un importante hotel.

Si bien aquello sonaba prometedor, lo cierto es que no los terminaba de satisfacer. “Salíamos a las 6 de la mañana, tomábamos el subte y un colectivo para llegar al trabajo y volvíamos a las 21. No tenía días libres”, recordó Belén sobre sus días viviendo en el país limítrofe.

Tras estar un año con esta rutina, los dos se dieron cuenta de que no era lo que en realidad querían. “Ya está, habíamos llegado al tope y alcanzamos jerarquías y ascensos. Sin embargo, el dinero pasó a ser un papel sin valor porque no teníamos el tiempo para disfrutarlo”, señaló.

Viajar y trabajar al mismo tiempo, una vida que nunca antes habían pensado
Era fin de semana, específicamente un sábado. Charlaban, como cualquier pareja, cuando surgió una pregunta por parte de Luis que abrió el abanico a una vida totalmente distinta. “¿Vamos a viajar?”, fueron las tres palabras que salieron de su boca.

Ella respondió como si se tratara de un simple viaje de recreación y no dudó en decir que sí. Sin embargo, se mostró sorprendida luego de que su novio le planteó que viajaran en una kombi.

“¡Saltamos de la cama! Al principio era ir viendo qué queríamos de nuestras vidas y de qué nos íbamos a sustentar”, rememoró Belén, quien también se emocionó al hablar de la enfermedad que transitó cuando se encontraba planificando esta nueva etapa.

En medio de sus expectativas por viajar, se enteró que tenía cáncer. La noticia la tomó por sorpresa, pero fue el puntapié principal para sumergirse de lleno en la experiencia.

“Cuando decidimos irnos dejé los últimos rayos y no sabía los resultados. Yo les prometí a mis papás que volvería sana. Y así fue. Teníamos la necesidad de salir a ver el mundo y entender que todo es efímero, que todo surge y desaparece. De que hoy estamos y mañana no. Toqué fondo en una enfermedad que parecía ser la muerte y fue una oportunidad para ver otras realidades”, rememoró.

Súbete a mi kombi
Con la kombi en su poder, la pareja comenzó a ganarse la vida haciendo diversos trabajos. Luis dibujó autos, murales y cuadros, algo que aprendió de su profesión, pero sin el ritmo de dependencia de una empresa. Era para él mismo, con sus horarios y libertades. Belén aprendió a hacer encuadernación artesanal y vendió sus productos en ferias americanas. También fueron mozos, lava copas y jardineros. Todo trabajo que llegaba, lo aceptaban.

Desde Brasil pensaron viajar a México, luego a otras ciudades y así es cómo terminaron poner a Alaska como meta. Desde 2017, año que comenzó su viaje, conocieron increíbles lugares de forma continua, hasta que en 2020 todo cambió. “No pudimos cruzar las fronteras por la pandemia del Covid-19. Estábamos en México y por dos años no las abrieron”, explicó Belén.

En la cuarentena aprovecharon a escribir el libro Liberarte: historias de viaje y algo más, donde escogieron aquellas aventuras que transformaron su mapa interno a través de todas esas experiencias vividas: los robos que sufrieron, las catástrofes naturales a las que se enfrentaron y el conocimiento de otras culturas. Pasado el tiempo y con mayores libertades, la pareja pudo cruzar a los Estados Unidos, pero al llegar a la frontera del norte para pasar a Canadá no les permitieron el ingreso debido a las restricciones por la pandemia.

Allí se trasladaron a un pueblo cercano y conocieron a una familia acogedora, que los acompañó y alojó en los días de restricciones. Fue ahí cuando la pareja tomó la decisión de volver a la Argentina, ya que no tenían información concreta sobre los días que debían quedarse.

Mientras pensaban y armaban un plan para volver al país, un vecino de la localidad los sorprendió con una grata sorpresa. “Un hombre, que es piloto de avión, se ofreció a ayudarnos y nos regaló dos pasajes para que no estemos como ilegales en Estados Unidos”, señaló Belén.

Ante la sorpresa y la inmediatez, ambos se trasladaron hasta México y se quedaron por un mes. Con la idea de volver a buscar la kombi y retomar el viaje, los nuevos anuncios por parte del gobierno de aquel país no eran prometedores y regresaron a la Argentina en septiembre de 2021. Respecto de su querido medio de transporte, la pareja decidió que lo mejor era dejarlo en el patio de la amable familia de la que se hicieron amigos, pero se fueron con la promesa de recuperarla en cuanto antes.

Todos estos meses en el país lo utilizaron para viajar en bicicleta hasta la Patagonia, en donde a su lista de sueños tacharon el objetivo de conocer los lugares más bellos del sur. Si bien este no era su objetivo principal, también fue un momento único en sus vidas.

Pasado un tiempo, el plan concreto de cara a corto plazo es encontrarse nuevamente con aquella kombi que los hace tan feliz y ejecutar el sueño de conocer Alaska. Este próximo 28 de marzo viajaron hacia Canadá y allí será el gran reencuentro en el que retomarán nuevamente el viaje que se estancó, pero con esfuerzo y el objetivo en mente, lo podrán concluir en este 2022.

Fuente: LaNación


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